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Con juego queremos decir competición entre una persona y otra o entre un equipo y otro. Cuando decimos juegos, queremos decir juegos como el béisbol, el polo, el ajedrez o cualquier otro pasatiempo así. En algún momento puede que te haya chocado el hecho de que era singular que los hombres se arriesgaran a lesionarse en el ámbito del juego tan sólo por “diversión”. Por lo tanto, podría chocarte el hecho de que resulta singular que la gente siga viviendo o entre en el “juego de la vida”, exponiéndose a todos los pesares, las tribulaciones y el dolor sólo por tener algo que hacer. Es obvio que no existe peor maldición que el ocio total. Por supuesto, existe la condición en que la persona continúa jugando un juego en el que ya no está interesada.

Si tan sólo miraras a tu alrededor en la habitación y descartaras los objetos que no te interesan, descubrirías algo notable. En poco tiempo encontrarías que no hay nada en la habitación que no te interese. Todo te interesa. Sin embargo, el desinterés en sí es uno de los mecanismos del juego. Para ocultar algo, sólo es necesario hacer que todos se desinteresen del lugar donde está oculto el objeto. La indiferencia no es el resultado inmediato de que se pierda el interés. La indiferencia es algo útil en sí. Es palpable, existe.


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