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Liberarse de algo está bien sólo en la medida en que haya un lugar hacia el cual liberarse. Un deseo interminable de liberarse de algo es una trampa perfecta, un miedo a todo.
Las barreras se componen de ideas, espacio, energía, masas y tiempo que inhiben. La libertad absoluta sería una ausencia total de estos factores; pero también sería una libertad sin pensamiento ni acción, la condición desdichada de una absoluta condición de nada.
Cuando el hombre está fijo en demasiadas barreras, anhela ser libre. Pero si se le arroja hacia la libertad total, no tiene propósito y es desdichado.
Existe la libertad entre barreras. Si se conocen las barreras y se conocen las libertades, puede existir la vida, el vivir, la felicidad, un juego.
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