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Como mejor se puede entender la vida es comparándola con un juego. Como estamos en una posición exterior a una gran cantidad de juegos, podemos considerarlos con objetividad. Si estuviéramos en una posición exterior a la vida, en vez de estar absortos e inmersos en vivirla, esta nos resultaría muy parecida a los juegos desde nuestra privilegiada posición actual.
A pesar de la cantidad de sufrimiento, dolor, amargura, pesares y tribulaciones que puede haber en la vida, la razón para existir es la misma que tenemos para jugar un juego: el interés, la competividad, la actividad y el dominio. La verdad de esta afirmación se establece mediante la observación de los elementos de los juegos y aplicando después estos elementos a la vida misma. Cuando lo hacemos, encontramos que en el panorama de la vida no falta nada.
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